El mago ogro

Un día de primavera, cuando el campo empieza a florecer y el verdor empieza a apoderarse del bosque, él iba paseando como cualquier otro día, recorriendo la orilla del río en su descenso, acariciando las rocas y embelleciendo aún mas aquel paisaje.
Se sentó en un manso del río, escuchando la tranquilidad del entorno... el canto de los pájaros, el susurrar del agua en su paso, el sonido del viento peinando las montañas... Se tumbó y cerró los ojos disfrutando de ese momento de paz, de tanta tranquilidad. Un leve aroma a azahar y un canto de mujer le hizo abrir los ojos, buscó en su alrededor ...y al otro lado, en la otra orilla del río vio a la dueña de ese canto que tanto le gustó.
Ella estaba sentada, mirándole, cantando y acariciando las flores que la rodeaban, con una sonrisa que hacía que el sol brillara aún mas, era embaucadora, era misteriosa, era... especial. Él la miro a los ojos, unos ojos que hacían olvidar el mundo, que invitaban a soñar, la miró y la dijo "Bonito cantar, me es curioso ver a una dama acariciar las flores en vez de cogerlas y adornar, y es agradable ver una sonrisa que es capaz de tapar la propia luz del sol" a lo que ella respondió "Me gustan mucho las flores, en especial estas, prefiero disfrutar de ellas acariciándolas y mirándolas aquí, cogerlas sería quitar la vida a algo tan bello para que se marchite y se vaya apagando poco a poco en un jarrón"
Continuaron hablando, ella le contó que su sonrisa es lo único que nadie le podía quitar, que era algo que era sólo de ella y que no dejaría que se lo quitaran así como así, le contó que estaba presa de un mago ogro, que todo lo que el mago tocaba era capaz de marchitarlo, de quitarle la alegría, que tenía la voz hechizada e intentaba que los demás creyeran las malas cosas que le decía, pero que ella era superior a todo eso aunque algunas veces la entraran las dudas, que no podía ser muy amable con el por que si no pensaría que sus hechizos habían causado efecto, y tampoco podía ser arisca por que entonces intentaba hechizarla con mas fuerza, "De vez en cuando" le contó a él "Me evado y vengo aquí, a este remanso del río a olvidarme del control del mago ogro, a ser yo misma y olvidarme de todo, sin presiones, sin amarguras, sin nadie que me diga lo que soy o lo que debo de hacer, aquí soy quien soy y no una imagen de alguien que no me sabe ver bien".
El se quedó atónito con las leves pinceladas de la historia que contó la chica que estaba en la otra orilla del río, no se podía creer que un mago quisiera hechizarla con su voz para que fuera lo que no es, para que viera lo que no se puede ver, pues ella misma desprendía alegría, mirarla era como ver una noche estrellada en todo su esplendor...simplemente invitaba a sonreír, a mirarla y a disfrutar de su compañía.
Así pasaron las horas, el mundo pasó a un segundo plano, parecía que no existía nada, sólo aquellas dos personas y el resto no importaba, llegó la hora en que se tenían que ir, intentando pedir que el tiempo retrocediese otra vez al principio para poder volver a disfrutar de una compañía y de un tiempo que nada lo podía igualar, era todo tan distinto, tan diferente que merecía la pena pedir algo así.
Pasaron los días y ellos se seguían viendo en aquel remanso, ella soportando los malos hechizos del mago ogro y el intentando que mientras que estaban juntos todo eso se olvidara, el la decía "Me encantaría chasquear los dedos y que el mago ogro se vaya y puedas ser tu" a lo que ella le respondió "No te preocupes, no podrá conmigo, el mago ogro se irá, aunque no sepa cuando sé que algún día llegara el momento de su marcha..."





